Un poquito de ellos
- 4 abr 2017
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Apoyado en la puerta, con el brazo doblado, se quedó mirando la puerta del ascensor. Su rostro dibujaba una intensa, dulce y triste sonrisa. ¡Se ha ido, se ha ido, se ha ido! Sólo se repetía eso. Permaneció así durante un largo rato; no supo cuánto tiempo. Fue como si se hubiese marchado parte de su vida. Se había ido. Había vuelto y se había esfumado de un plumazo. Cuando fue consciente de que no había vuelta atrás, de que aquello era otra puerta cerrada, que ella no volvería, se le rompió algo dentro. Cerró con sumo cuidado, como si con aquello fuera a lastimar más si cabía su alma, y cuando estuvo dentro, en la soledad de su loft, éste, se le hizo inmenso.

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